viernes, 28 de junio de 2019

Mientras tanto


Él busca nuestro porvenir
yo pelo una cebolla
los niños juegan en el patio
que los ajos no se noten.

A él le pagan sus horas extra
veo que el arroz no se pase
mis amigas a ratos me extrañan
mientras aliño una ensalada.
Pablito ya va a la universidad
y empiezo a pelar papas
la mujer que quise ser huye despavorida
mientras me pongo el delantal
las ucronías me asechan
cuando cuelo la pasta
me están saliendo canas
en lo que pongo el budín al horno
se editan nuevos libros
y yo preparo los garbanzos
Mi niño está de vacaciones
mi marido quiere pollo.
Llueve
miro el vapor de la olla empañar la ventana
y cuando salga el sol
tocará tomates, quesillo y maíz.


martes, 11 de junio de 2019

¿Por qué gana la derecha?


Para muchos de nosotros no deja de ser desconcertante que, estando la ciudadanía en antecedente de tantas cosas como la incompetencia, casos de corrupción asociados y otros deliciosos y clásicos aderezos de los gobiernos de derecha, ésta aún gane elecciones. Así es que desde mi humilde ventana como ciudadana, voy a compartir lo que pienso al respecto.

La derecha gana todavía porque el sistema económico capitalista desregulado no sólo nos vende peces de colores con tarjetas de crédito y cada vez más productos que duran menos (como si los recursos de este planeta fueran infinitos), sino también ha sido validado como filosofía de vida, el mandato de rascarse con las propias uñas y de medir la inteligencia en dinero acumulado sin importar de qué manera. Así, chapoteamos cada día en discursitos como “salga el que salga tengo que trabajar”, “a mí nadie me ayudó”, “yo tuve que pagar y éstos quieren todo gratis”.

La solidaridad y la justicia como modelo social se ha denostado hasta el hipo. Y para lograrlo se ha dado bombo y platillo a toda suerte de fórmula mágica que la desplaza en función de un modelo de “crecimiento espiritual” en que no debes fijar tu pensamiento en los problemas, no sea que se te peguen. No se me ocurre mejor modo de prevenir una revolución cuando sobran razones para levantarse contra quienes nos gobiernan desde el poder económico. No pensar en ello “¿No ves que si lo piensas, lo atraes?”, centrarlo todo en nuestra actitud, creer que un abuso es una oportunidad y que si te hartas, si tu sistema nervioso se daña en este modelo insano, si enfermas es TU CULPA. 

La derecha gana porque ha cooptado a sus adversarios. Porque los que dijeron que defenderían nuestros intereses, se interesaron más en defender su propia posibilidad de acumular poder económico para sí mismos y sabemos que eso requiere transar principios, proyectos y votos en comisiones, gabinetes y parlamentos. Por tanto, nos quedamos prácticamente sin alternativas. ¿Derecha dura o derecha soft? ¿Qué se sirve, caserita? Todas con su cuota de capitalismo despiadado en regla, caserita ¡Vote, vote o no se queje!

Porque tienen las herramientas para atontarnos y para asegurarse, se quitan de en medio lo que pueda estorbar: Por ejemplo las asignaturas de la educación formal que pudieran convertirnos en ciudadanía pensante y crítica (y ya lo dijo su héroe “a la Universidad se va a estudiar, no a pensar”). Porque para eso crean generaciones cada vez menos reflexivas, con vocabulario más reducido y cada vez menores capacidades no solo de elementos claves como comprensión lectora, sino incluso comprensión oral, sin que ello sea impedimento para obtención de certificaciones y títulos académicos inclusive.

La derecha gana porque en ese contexto sabe camuflarse y confundir, porque consciente de que el fascismo es una vergüenza que jamás podrán quitarse de encima, llaman fascista a quien desnuda al fascismo, afirman que Hitler era de izquierda; convierte, desde el poder económico en los medios, hasta nuestros íconos de fantasía justiciera en locos sanguinarios (ahí tenemos a la “Rompedora de cadenas” ¿Ves lo que pasa cuando pretendes un mundo de justicia? Eso no puede terminar bien). Y vulnerables e ignorantes, como nos quieren, tragamos.


sábado, 1 de junio de 2019

Asesinos


Él, en su inconsciencia,
mató mi amor hasta la última brizna.
Yo, a consciencia plena,
mataré mi dolor hasta su último suspiro.